Brasilia, una madrugada más. 2026
Daniela
se siente acosada por Patricio, con quien trabaja, a 1.000km de distancia. Le hace insinuaciones con su
forma de hablar, de ser. Patricio se porta inadecuado en
situaciones laborales y la hace sentir incómoda. Además insiste
en que se encuentren en persona con excusas de trabajo. Daniela le dice
siempre que no. Cada tanto, Patricio lo vuelve a proponer.
Al
principio, Patricio era agresivo. Ahora es insinuador. Patricio le
resulta tóxico. Su comportamiento prende alertas,
sus conductas remiten a estadísticas globales o locales, tristes, trágicas. Daniela lo
sabe porque Daniela lee, se informa, estudia. Piensa.
Daniela y Patricio son muchos, están en todos lados.
Pero el Patricio del relato acá es Patricia en la realidad. Es mujer y es minoría. Daniela es Daniel, varón protótipo. Patricia hace todo lo descrito. Y
lo que siente Daniel es legítimo, es verdad. Sin embargo, no remite a estadísticas. Replica estereotipos. Estereotipos de género sobre mujeres libres, independientes, inteligentes, por eso mismo, inadecuadas, insolentes, insanas, insubordinadas, insinuadoras.
Patricia molesta. Estadísticas también lo comprueban. Daniel no lo sabe porque no lee, no quiere, no lo cree, no le importa. Se siente víctima. Valida discursos cómodos con los que se identifica, no verifica. Repite, refuerza. Desinforma. Discrimina. Y toma decisiones sobre los demás. Es progresista.
Patricia vomita. Indignada. Insignificante. Lo de siempre desde que invitó a Daniel a reflexionar. Invasiva. Iracunda. Impertinente. Imperdonable. Etcéteras.
